Tomamos los patrones de la artesanía colombiana y los llevamos a bolsos que se puedan usar todos los días, no solo el domingo.
El nombre viene de la hilada: la vuelta completa de hilo antes de empezar la siguiente. Una encima de otra, en orden, hasta que aparece el rombo.
Los paneles llegan tejidos y se revisan hilo por hilo antes de cortar, porque un panel mal rematado se abre a los tres meses de uso.
Después viene el armado: base rígida, forro, bolsillo interior con cremallera, cuero en asas y refuerzos, y herrajes metálicos. Ese es el trabajo que no se ve en la foto y es el que decide cuánto dura la pieza.
Nada de estampados que imitan tejido. El patrón está en la trama, no impreso encima.
Tejemos por lotes pequeños. Cuando un color se agota, toca esperar el siguiente.
Rombos, hexágonos, caña flecha y triángulos escalonados de la tradición tejida del país.
Vendemos nosotros mismos, sin tienda intermedia que sume margen al precio final.
Nuestras clientas tienen entre 28 y 45 años, trabajan, viajan y quieren un bolso que se note sin gritar. Compran una pieza y la usan tres años.